En la historia de las naciones, existen momentos cruciales en los que los peligros acechan y los objetivos más grandes y sagrados no pueden preservarse sin altruismo, sacrificio y la ofrenda de innumerables vidas. Es entonces cuando un grupo de creyentes y personas abnegadas debe acudir al campo de batalla, ofreciendo su propia sangre para proteger la religión de la verdad. En la cultura islámica, a estas personas excepcionales se les denomina «mártires».
El uso del término «mártir» (shahid), derivado de la raíz shuhud (presencia u observación), se debe a su presencia inquebrantable en el campo de batalla contra los enemigos de la verdad. También responde a que, en el instante de su martirio, contemplan a los ángeles de la misericordia, observan las inmensas bendiciones que se les han preparado, o bien por su honorable presencia ante Dios. Así lo señala el sagrado versículo: «Y no penséis que los que han sido matados en el camino de Dios están muertos; al contrario, están vivos y reciben sustento junto a su Señor»[1].
En el islam, son pocos los que logran alcanzar el excelso rango de «mártir»: aquellos que, de manera consciente y con sincera intención, acuden al campo de batalla donde se enfrentan la verdad y la falsedad, sacrificando hasta la última gota de su sangre pura. Respecto al estatus de los mártires, las fuentes islámicas albergan versículos y narraciones asombrosas que atestiguan la extraordinaria grandeza y el valor incalculable de su gesta.[2]
Frases del líder mártir, el Ayatolá Jamenei, sobre «el mártir y el martirio»
El martirio significa entrar en el reino divino y ser invitado a la mesa del banquete de Dios. (01/01/1992)
El martirio significa que un ser humano ofrezca su capital terrenal más excelente y amado por un ideal que cree que, con su supervivencia y fructificación, beneficiará a toda la humanidad. (06/12/2002)
El altruismo significa no verse a sí mismo y no tomarse en cuenta. Esta es la primera postura del mártir. (07/05/1997)
Los mártires no obtuvieron este regalo divino de forma fácil ni gratuita; lo obtuvieron al precio de un inmenso esfuerzo. Libraron el Yihad en el camino de Dios, se sacrificaron a sí mismos, y Dios les concedió este obsequio. (02/05/2005)
¿A quién le da Dios el regalo del martirio? Dios no entrega este regalo a un precio bajo; se lo concede únicamente a quienes se esfuerzan incansablemente en Su camino. (02/05/2005)
El mártir vendió su alma y, a cambio de ella, recibió el paraíso y la complacencia divina, que constituyen los mayores logros concebibles. (16/08/1989)
La cuestión del mártir y el sacrificio es el auténtico motor que impulsa el movimiento de la sociedad. (06/07/2004)
Conmemorar a los mártires es una tarea vital y absolutamente necesaria para el futuro de este país. (16/02/2015)
La cultura del martirio significa la cultura de esforzarse, invirtiendo de uno mismo, por alcanzar objetivos compartidos a largo plazo para todas las personas. Por supuesto, en nuestro caso, esos objetivos no son exclusivos de la nación de Irán, sino que se extienden al mundo islámico y, más aún, a toda la humanidad. (16/02/2015)
Al relatar las biografías de los mártires, debemos intentar explicar las características de su vida, su estilo de vida y cómo se comportaron mientras vivían; esto es de suma importancia. (26/09/2016)
El estatus más alto
Sabemos que la posición de los mártires en el islam es sumamente elevada. Según un famoso hadiz profético registrado en el noble libro Al-Kafi: «Por encima de cada acto de bondad hay otro acto de bondad, hasta que el hombre muere en el camino de Dios; y cuando da su vida en el camino de Dios, no existe ninguna bondad que lo supere».[3]
El deseo de martirio
El Imam Alí (la paz sea con él - P), en las últimas frases de su célebre carta a Malik al-Ashtar (la carta 53 de Nahyul Balagha), afirma: «Y pido a Dios que mi vida y la tuya terminen con felicidad y martirio, "Ciertamente a Él pertenecemos y a Él retornaremos"».
Es verdaderamente notable que el Imam, además de suplicar por la felicidad, también le pida a Dios el martirio tanto para sí mismo como para Malik. Esta súplica fue prontamente respondida: el Imam en el altar de oración y Malik en su camino hacia Egipto, bebieron ambos el cáliz del martirio.[4]
Asimismo, el Imam Alí (P), en las vísperas de la guerra contra los transgresores (Muawiya y sus seguidores), elevó esta súplica: «¡Oh Dios! Si nos concedes la victoria sobre nuestro enemigo, aléjanos de la transgresión y guíanos hacia la verdad; pero si les das a ellos la victoria sobre nosotros, concédenos el martirio y protégenos de la sedición (fitna)».[5]
En esta profunda plegaria, el Imam (P), ante la posibilidad de que el enemigo prevaleciera, prefirió pedir a Dios el martirio antes que verse envuelto en la sedición.[6]
En la parte final del sermón 23 de Nahyul Balagha, el Imam Alí (P) también expresa: «Pedimos a Dios las moradas de los mártires, la vida de los bienaventurados y la compañía de los profetas».
En verdad, el Imam (P) pronuncia estas palabras con el propósito de que los creyentes reconozcan los auténticos valores divinos y sigan su ejemplo. Dichos valores supremos son el martirio, la felicidad y la compañía de los profetas. Las tres etapas mencionadas en las palabras del Imam (martirio, felicidad y la compañía de los profetas) guardan una relación de causa y efecto, ya que el martirio es la causa directa de la felicidad, y la felicidad, a su vez, es la causa que permite disfrutar de la compañía de los profetas.[7]
También se relata en un hadiz que el Profeta Muhammad (PBD) vio a un hombre que suplicaba de esta manera: «¡Oh Dios! Te pido lo mejor que se Te puede pedir, así que concédeme lo mejor que otorgas a Tus siervos». El Profeta se dirigió a él y le dijo: «Si tu súplica es respondida, tu sangre será derramada en el camino de Dios».[8]
El primero en entrar al Paraíso
El Imam Rida (P), transmitiendo las palabras de sus antepasados desde el Mensajero de Dios (PBD), relata lo siguiente: «El primero en entrar al Paraíso es el mártir».[9]
Que Dios me ponga en las filas de los mártires
El Imam Sayyad (P), en la última frase de la primera súplica del Sahifa Sayyadiya, la cual refleja la forma más perfecta de alabanza y agradecimiento divino, expresa: «Alabo a Dios para que nos incluya entre los bienaventurados de Sus amigos, y para que nos ponga en las filas de los mártires caídos por las espadas de Sus enemigos. Ciertamente Él es el Guardián, el Digno de toda alabanza».
En esta plegaria, el Imam (P) le pide a Dios dos grandes honores: el de pertenecer a las filas de los bienaventurados de entre los amigos de Dios (Awliya Allah), y el de integrar las filas de los mártires que, en el noble campo del Yihad, alcanzaron el honor del martirio a manos de los enemigos.[10]
La gota de sangre más amada
En un hermoso hadiz, se narra que el Imam Sayyad (P) afirmó: «No existe gota más amada ante Dios, Todopoderoso y Majestuoso, que estas dos: una gota de sangre derramada en el camino de Dios, y una gota de lágrima derramada en la oscuridad de la noche, mediante la cual el siervo no busca absolutamente nada más que a Dios Todopoderoso».[11]
La intercesión del mártir
De numerosas narraciones citadas tanto en fuentes chiitas como sunitas, se deduce claramente que los mártires en el camino de Dios se cuentan entre los intercesores. En el Día de la Resurrección, intercederán por aquellos pecadores que reúnan las condiciones para recibir dicha gracia.[12] Como leemos en un hadiz del Noble Profeta (PBD): «El Día de la Resurrección intercederán tres grupos: primero los Profetas, luego los Sabios de la religión, y finalmente los Mártires».[13]
Se ha transmitido también del Mensajero de Dios (PBD): «Ese día se dará permiso a los ángeles, a los profetas y a los mártires para que intercedan».[14]
Incluso, en otro hadiz del Profeta (PBD) se especifica: «La intercesión del mártir será aceptada a favor de setenta personas de su familia».[15]
En otra narración se menciona que la intercesión de cada uno de ellos en el Día de la Resurrección abarcará a setenta mil personas, entre familiares y vecinos.[16]
Asimismo, el Imam Alí (P) relata: "El Profeta (PBD) juró diciendo: «Por Aquel en Cuyas manos está mi alma, cuando los mártires entren en el escenario de la Resurrección, si los profetas van montados en sus cabalgaduras en su camino, desmontarán en señal de profundo respeto ante la majestuosidad de ellos; y la intercesión de cada uno abarcará a setenta mil de sus familiares y vecinos»".[17]
Considerando que los números setenta y setenta mil se utilizan en la literatura árabe como expresiones de multiplicidad e inmensidad, no existe contradicción alguna entre estas narraciones.[18]
La mejor de las muertes
El Imam Alí (P) subraya un punto de inmenso valor al decir: «Ciertamente, la muerte más noble es ser matado en el camino de Dios. Por Aquel en Cuyas manos está el alma del hijo de Abu Talib, recibir mil golpes de espada me resulta más fácil de soportar que morir en la cama desobedeciendo a Dios».[19]
El significado profundo de estas palabras no es que el Imam fuera insensible al dolor físico de los golpes, sino que, desde una perspectiva espiritual y axiológica, es mucho más digno para el ser humano salir valientemente al encuentro de las espadas que fallecer de muerte natural en una cama; esto se debe a que el inmenso honor del martirio dota al ser humano de la fuerza necesaria para soportar cualquier sufrimiento.
Por supuesto, si una persona muere en su lecho manteniéndose firme en el camino de la obediencia a Dios, tal como se infiere de las narraciones islámicas, alcanza también el sublime estatus del martirio. A esto es precisamente a lo que el Imam (P) alude en la conclusión de su frase.[20]
La vida de los mártires en el Mundo de Barzaj
Tras la batalla de Uhud, un grupo de personas de fe frágil solía sentarse a lamentarse por sus amigos y parientes caídos, cuestionando amargamente por qué habían muerto y desaparecido. Se decían a sí mismos: "Nosotros disfrutamos de comodidades y bendiciones, mientras que nuestros hermanos e hijos yacen dormidos en las tumbas, privados de todo".
Estos pensamientos y lamentos, además de ser erróneos y ajenos a la realidad espiritual, tenían el efecto nocivo de mermar la moral de los sobrevivientes.
Los versículos 169 al 171 de la Sura Ale Imran trazan una línea divina que anula tales pensamientos, recordando el elevadísimo estatus de los mártires: «No pienses que los que han sido matados en el camino de Dios están muertos; al contrario, están vivos y reciben sustento junto a su Señor».[21]
El propósito de la "vida" mencionada en este noble versículo es la vida del Barzaj (la vida intermedia) que las almas experimentan en el mundo posterior a la muerte, y no una existencia corporal o material. Aunque la vida en el Barzaj no es exclusiva de los mártires, ya que muchas otras personas también participan de ella,[23] la existencia de los mártires es de una naturaleza tan extraordinariamente sublime, repleta de diversas bendiciones espirituales, que el versículo se enfoca exclusivamente en ellos. Están tan inmersos en los dones de la vida espiritual que la existencia de los demás habitantes del Barzaj palidece en comparación.
Luego, señalando algunas de las ventajas y abundantes bendiciones de esta vida intermedia, el Corán afirma: «Se regocijan por las gracias que Dios les ha concedido de Su favor».[24]
Otra de sus grandes alegrías proviene de observar a sus hermanos combatientes que aún no han bebido el cáliz del martirio ni se han unido a ellos. Desde ese mundo, los mártires pueden ver con claridad los altos rangos y recompensas que les aguardan, llenándose de júbilo, tal como lo expresa el Corán: «Y se alegran por aquellos que aún no se les han unido, que han quedado atrás»[25]. A continuación añade: «De que no tendrán miedo ni se entristecerán».[26] Es decir, los mártires sienten la certeza de que sus hermanos de armas, al cruzar el umbral de la muerte, no sufrirán tristeza alguna por lo que dejaron en el mundo temporal, ni sentirán temor frente a los sobrecogedores eventos del Día del Juicio.
Esta frase admite también otra hermosa interpretación: los mártires, además de alegrarse al contemplar el elevado estatus de los hermanos que aún no se les han unido, están ellos mismos completamente libres de temor por el futuro y de tristeza por el pasado.
El versículo 171 de la Sura Ale Imran, «Se regocijan por la gracia de Dios y Su favor», actúa como un poderoso énfasis sobre las buenas nuevas que reciben los mártires tras su caída. Se alegran por dos motivos fundamentales:
Primero, porque reciben las bendiciones de Dios; y no solo Sus bendiciones ordinarias, sino Su favor especial, que implica el aumento y la constante renovación de la gracia que los envuelve.
Segundo, porque constatan visualmente que Dios jamás desperdicia la recompensa de los creyentes, ni la de los mártires, ni la de los verdaderos combatientes que no llegaron a beber el cáliz del martirio: «Y que Dios no deja perder la recompensa de los creyentes».[27] En ese plano, experimentan y ven de forma manifiesta todo lo que en la Tierra solo habían escuchado mediante la fe.[28]
La recompensa de los mártires
Se narra que un día, mientras el Imam Alí (P) pronunciaba un sermón animando a la congregación a participar en el Yihad, un joven se puso en pie y le pidió: "¡Oh Comandante de los Creyentes! Explícame la virtud de los combatientes en el camino de Dios".
El Imam (P) le respondió con este majestuoso relato:
"Una vez, regresando de la batalla de Dhat as-Salasil, yo cabalgaba en la misma montura detrás del Profeta (PBD), y le hice exactamente la misma pregunta que tú me haces ahora.
El Profeta (PBD) me contestó: 'Cuando los combatientes toman la firme decisión de participar en el campo del Yihad, Dios decreta para ellos la liberación del fuego del infierno.
Y cuando toman sus armas y se preparan para salir al campo, los ángeles se enorgullecen de su existencia.
Y cuando sus esposas, hijos y familiares se despiden de ellos, quedan limpios de todos sus pecados... A partir de ese sagrado momento, no realizan ninguna acción sin que su recompensa se multiplique exponencialmente; por cada día de combate, se les anota la recompensa equivalente a la adoración de mil adoradores.
Cuando finalmente se enfrentan al enemigo, la gente de este mundo es incapaz de comprender la inmensa magnitud de su recompensa.
Y cuando pisan el campo de batalla, bajo el intercambio de lanzas y flechas en el combate cuerpo a cuerpo, los ángeles los cubren con sus alas, suplicando a Dios que los mantenga firmes. En ese instante supremo, un pregonero celestial exclama: «El Paraíso está a la sombra de las espadas». Entonces, los golpes que el enemigo asesta sobre el cuerpo del mártir le resultan más placenteros y refrescantes que beber agua helada en un abrasador día de verano.
Y cuando el mártir cae de su montura, antes siquiera de que su cuerpo toque el suelo, las huríes del Paraíso se apresuran a recibirlo, revelándole las formidables bendiciones espirituales y materiales que Dios le ha preparado.
Y cuando el mártir yace finalmente sobre la tierra, la propia tierra le susurra: "Bendita sea el alma pura que emprende el vuelo desde un cuerpo puro; buenas nuevas para ti, pues te aguarda lo que ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado y jamás ha cruzado por el corazón de un ser humano". Y Dios Todopoderoso proclama: "Yo soy el guardián de su familia sobreviviente; quien los complazca, me complace a Mí, y quien los enoje, desata Mi ira..."'[29]
Perdón y misericordia
Frente a aquellos pensamientos mundanos que preferían anteponer unos pocos días de vida efímera y la acumulación de riquezas materiales al honor eterno del Yihad y el martirio, Dios declara: «Y si sois asesinados en el camino de Dios o morís, ciertamente el perdón de Dios y Su misericordia son mejores que lo que ellos acumulan».[30] En este versículo, el Creador aclara que lo que se obtiene mediante el martirio o la muerte en el camino de Dios es infinitamente superior a cualquier tesoro que los incrédulos puedan amasar a lo largo de una vida miserable, consumida por los deseos y el apego mundano.
Además de todo esto, ¡la muerte no significa en absoluto la aniquilación o la desaparición a la que tanto temen! Por el contrario, es una luminosa ventana hacia otra vida, en un nivel de existencia mucho más vasto y fundido con la eternidad: «Y si morís o sois asesinados, seréis congregados hacia Dios».[31]
Buen sustento
En el versículo 58 de la Sura Al-Hayy, Dios promete: «Y aquellos que emigraron en el camino de Dios, y luego fueron matados o murieron, ciertamente Dios les proveerá de un buen sustento, y Dios es el mejor de los proveedores».
Algunos eruditos y comentaristas han explicado que este «Buen sustento» (Rizq Hasan) se refiere a bendiciones de tal magnitud que, cuando el ser humano posa sus ojos sobre ellas, queda tan cautivado que le resulta imposible apartar la mirada o desear cualquier otra cosa. Solo Dios posee el poder absoluto para otorgar un sustento de tal naturaleza.
En la morada eterna, Dios concede a los mártires un refugio y una cercanía con la que estarán plenamente complacidos en todos los aspectos imaginables, compensando así su altruismo y sacrificio supremo de la manera más excelsa y perfecta.[33]
Fuentes
[1] «[Oh Profeta] Nunca pienses que los que han sido asesinados en el camino de Dios son muertos, sino que están vivos y reciben provisión ante su Señor». (Sura Ale Imran, versículo 169).
[2] Tafsir Nemuneh, vol. 21, p. 405.
[3] Al-Kafi (ed. Islamiyeh), vol. 2, p. 348, hadiz 4; (Payam-e Imam Amir al-Muminin (P), vol. 15, p. 702).
[4] Payam-e Imam Amir al-Muminin (P), vol. 11, p. 154.
[5] Nahyul-Balagha, Sermón 171.
[6] Payam-e Imam Amir al-Muminin (P), vol. 6, p. 478.
[7] Ibid., vol. 2, p. 54.
[8] Mustadrak al-Wasa'il wa Mustanbat al-Masa'il (ed. Qom), vol. 11, p. 13, hadiz 12295; (Payam-e Imam Amir al-Muminin (P), vol. 11, p. 154).
[9] Majmu'at Warram (ed. Qom), vol. 2, p. 121; (Tafsir Nemuneh, vol. 21, p. 408).
[10] Erfan-e Eslami (Comentario exhaustivo del Sahifa Sayyadiya), vol. 2, p. 128.
[11] Al-Jisal (ed. Qom), vol. 1, p. 50, hadiz 60; (Erfan-e Eslami, vol. 3, p. 434).
[12] Tafsir Nemuneh, vol. 25, p. 257.
[13] Sunan Ibn Majah (ed. El Cairo), vol. 2, p. 1443, hadiz 4313.
[14] Musnad Ahmad (ed. Al-Risalah), vol. 34, p. 90, hadiz 20440.
[15] Sunan Abi Dawud (ed. Damasco), vol. 4, p. 176, hadiz 2522.
[16] Sahifa-e Imam Ridha (P) (ed. Mashhad), p. 93, hadiz 21; (Tafsir Nemuneh, vol. 25, p. 258).
[17] Bihar al-Anwar (ed. Beirut), vol. 97, p. 14, hadiz 27; (Tafsir Nemuneh, vol. 21, p. 407).
[18] Tafsir Nemuneh, vol. 25, p. 258.
[19] Nahyul-Balagha, Sermón 123.
[20] Payam-e Imam Amir al-Muminin (P), vol. 5, p. 247.
[21] Ale Imran, versículo 169.
[22] Ibid.
[23] Según algunos investigadores: La vida en el Barzaj es para dos grupos: los virtuosos que están en un grado superior y los malhechores que se encuentran en una situación extremadamente mala.
[24] Ale Imran, versículo 170.
[25] Ale Imran, versículo 170. "Istibshar" significa regocijarse como resultado de recibir buenas noticias o ver una bendición para uno mismo o sus amigos, y no significa "dar buenas noticias".
[26] Ale Imran, versículo 170.
[27] Ale Imran, versículo 171.
[28] Tafsir Nemuneh, vol. 3, p. 171.
[29] Majma' al-Bayan (ed. Beirut), vol. 2, p. 400, exégesis del versículo 171 de la Sura Ale Imran (resumido); (Tafsir Nemuneh, vol. 3, p. 173).
[30] Ale Imran, versículo 157.
[31] Ale Imran, versículo 158; (Tafsir Nemuneh, vol. 3, p. 138).
[32] Al-Hayy, versículo 59.
[33] Tafsir Nemuneh, vol. 14, p. 149.






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