Los asesinos y perpetradores de este gran crimen, cuyas manos están manchadas con la sangre de ese gran mártir, de comandantes, personas indefensas y niños oprimidos, no quedarán inmunes al castigo divino. Esta sangre pura nunca será olvidada, y la comunidad islámica, en el marco de los principios del Islam y la ley, cumplirá con su deber de reclamar justicia por la sangre de estos mártires.


